Bruno Vigano y el Arte de la Talla
La magia de la buena madera


Por Enrique O. Sdretch 1994 Diario Clarín

Un antiguo prejuicio posrenacentista determinó, durante mucho tiempo, que los pacientes trabajos artesanales desarrollados sobre madera fueran considerados inferiores a los realizados en mármol o en piedra. Es más aún, en algunas ciudades europeas hubo una época en que estatuas o bustos tallados en madera se pintaban para que lucieran exteriormente como si fueran bronce o mármol.

Cuando don Bruno Viganó nació, no bien terminada la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo ubicado a 20 kilómetros de la ciudad de Milán, aquellos prejuicios ya no existían y, por el contrario, el arte de trabajar la madera estaba en pleno apogeo y tallistas, ebanistas y carpinteros eran disputados hasta por reyes y reinas.

Bruno Viganó fue desde niño un aventajado alumno en la primera de aquellas disciplinas: tallista: y al lado de su padre, un verdadero artista y creador en ese difícil arte, comenzó a tutearse con la gubia, el codillo, tricantones y maderas de todas las variedades.

-Finalmente asistí a la Escuela de Bellas Artes de Milán, donde aprendí a incursionar por todos los estilos del Renacimiento; era una época en que se cotizaba todo lo artesanal y se pagaban los mejores precios por un mueble o un dressoir Luis XIII, XIV, XV o XVI- nos cuenta don Bruno Viganó en el altillo de una vieja casona del barrio de Parque Patricios, que ocupa desde 1948, cuando se animó a largarse para la Argentina a bordo de un buque de bandera italiana "Jerusalen".

-Vine con dos amigos, uno era ebanista y el otro carpintero, y como los tres nos embarcamos juntos en el buque "Jerusalen", cuando llegamos nos bautizaron humorísticamente como "Los tres reyes magos".

-¿Cada uno se dedicó en Buenos Aires a su oficio?

-Así es, con suerte distinta. Yo no me puedo quejar. No hice fortuna, ni siquiera pude comprarme una casa donde poder instalar el taller, pero puedo afirmar con orgullo que trabajé para las familias más adineradas del país, para la clase dorada e, inclusive, durante el gobierno del general Ongania me encargaron un trabajo para la Quinta Presidencial.

-En una de sus biografías leemos que uno de los embajadores que tuvo Rusia en la Argentina también requirió su labor de tallista. ¿Cómo fue eso?

-Ocurrió que la señora esposa del embajador era una pintora extraordinaria, y había hecho un dibujo sobre una reliquia que había visto a su paso por París. Me pidieron que tallara en madera ese dibujo y así lo hice. Luego de un mes de labor lo entregué y quedaron más que conformes.

El piso del altillo donde entrevistamos a Bruno Viganó está permanentemente cubierto de virutas; las mesas de trabajo, en cambio, permanecen tapadas por mazas de madera y la más increíble variedad de herramientas, todas, desde luego, italianas. De las paredes cuelgan trabajos terminados y otros que aguardan una sabia restauración para quedar después mejor que nuevos. También se alinean moldes y plantillas.

Periódicamente lo visitan estudiantes de Bellas Artes y, entre mate y mate, se charla sobre estilos, modalidades, creaciones, el arte florentino, los grandes del Renacimiento, maderas preferidas y todo lo que se pueda relacionar con el trabajo en la madera.

-¿Cuál es la madera de su preferencia?

-Trabajo con muy pocas variedades; pero la que utilizo en el noventa por ciento de mi trabajo es el guindo, es la más noble y la más "dulce".

Cabe agregar que durante más de cuarenta años don Bruno Viganó trabajó para dos de las más importantes mueblerías que había en Buenos Aires. Le encargaban trabajos especiales que luego vendían como importados de Europa. Hace poco una mujer muy vinculada con el mundo de los anticuarios le adquiríó diez adornos hechos en Caoba y Urunday; que colgaban desde hace años del techo.

-Los compró a precio de pichincha -después me enteré que el destino final había sido Londres y París. Pero eso no me importa. Lo que me interesa es que todavía hay gente que se interese por este arte milenario, sobre todo en un mundo que tiende a robotizarse...

 
Don Bruno Viganó
Entrevista a Bruno Viganó, Maestro de Guillermo Manente.

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